Si se ha podido hablar con algún community manager en los últimos tiempos, se sabrá ya que una de sus grandes últimas obsesiones es Instagram. La red social de fotos se ha puesto de moda a lo largo de los últimos años y, aunque su potencial para la comunicación de marca es en algunos casos limitado (redirigir el tráfico no es fácil…), no parece que esté importando mucho. Todo el mundo quiere tener algo que ver con Instagram y todo el mundo quiere usar la red social para lo que sea, incluso cuando desde fuera pueda parecer que para el nicho en el que se mueve la empresa Instagram sea una apuesta complicada.
Cada vez son menos los negocios que se mantienen al margen de esta revolución. Esto es especialmente ‘grave’, si nos permiten utilizar este adjetivo, en determinadas compañías, básicamente según el perfil de usuario al que se dirijan. Ciertamente hay segmentos de público que permanecen ajenos al social media pero hay determinados perfiles de target que sí se mueven –mucho y bien– en estos terrenos.
El marketing digital es la asignatura pendiente para muchas empresas, que saben que sin una estrategia correcta es difícil destacar sobre la competencia. Especialmente importante es contar con apoyo profesional y herramientas adecuadas para ganar visibilidad en internet, en el caso de las tiendas online o e-commerce.
Cuando Pinterest apareció hace unos años despertó rápidamente el interés de los medios y el interés de los propios usuarios. Era una suerte de efecto esperable cada vez que se presentaba una nueva red social en el mercado (y hace unos años se presentaron unas cuantas).
Todo el mundo ha tenido esta experiencia alguna vez. Sale de compras y cuando vuelve a casa se da cuenta de que se ha hecho con unas cuantas cosas que en realidad no necesitaba. Comprar se compra por muchas razones. Para cubrir necesidades concretas, para mejorar otras cosas que ya no dan bien su servicio, como una suerte de terapia, para facilitar nuestro día a día… y, por supuesto, también sin que sepamos muy bien por qué y para qué.
Si algo se ha ido repitiendo en los últimos tiempos es que los contenidos se han convertido en el gran aliado de las marcas y de las empresas en su estrategia de marketing. El marketing de contenidos da muy buenos resultados, llega de forma directa a los consumidores y estos lo ven con muchos mejores ojos que otros formatos. Esto ha llevado a que las empresas se hayan lanzado a invertir en marketing de contenidos y a posicionarse en este terreno.
Cuando Facebook anunció que cambiaba las reglas del juego en lo que a incluir contenidos en su feed se refería, los primeros analistas se centraron en cómo esto iba a cambiar la situación para medios, marcas y empresas. Las páginas iban a tener cada vez más complicado llegar al feed de actualizaciones y por tanto alcanzar de forma orgánica a sus potenciales consumidores/seguidores iba a ser mucho más difícil que nunca. Las cosas se habían puesto complicadas para ellos.
¿Está la publicidad online en crisis? ¿Están cambiando los hábitos y las decisiones de posicionamiento de las grandes marcas en cómo se presentan en la red y en quién confían para hacerlo? Puede que hace un tiempo pareciese muy claro que había que anunciarse online y que había que hacerlo en Google y Facebook, pero quizás esto haya empezado a ser menos una certeza, o al menos eso se puede concluir viendo los movimientos de los gigantes del consumo.
Las redes sociales llevan años, en realidad, a la gresca unas con otras para hacerse con nichos de mercado que dominan sus competidoras y para así conseguir comerles parte de su mercado y hacerse más fuertes. Facebook, la red social dominante en el mercado general de lo social, lleva años en guerra con las diferentes redes sociales a las que ha intentado o está intentando robarles sus nichos de mercado.
Cuando Spotify apareció en el mercado y se fue haciendo fuerte en número de usuarios, la plataforma recordaba cómo su propia naturaleza y cómo sus diferentes características tenían un impacto positivo en la industria de la música. Para una industria para la que la piratería se había convertido en un serio y complicado problema, Spotify y similares se convertían en una alternativa legítima que lograba captar a esos usuarios piratas. El mensaje que se repetía en esos primeros años era el de que Spotify ayudaba a finalizar con la piratería de este tipo de contenidos.

